Cuando tocaron las puerta de Carlos, vio que le traían un mono, no entendía el motivo de la visita. Le estaban vendiendo este ejemplar, él no quiso aceptar, pero Cristóbal, nombre que adoptaría más tarde el animal, se metió en su cama rompiendo su corazón.
De esta forma, se les ocurrió la idea de crear un albergue de primates, que estuviesen en malas condiciones, pero nunca pensaron que llegarían a poseer más de 175 simios que llegan en deplorable estado de sobrevivencia.
El centro de primates Peñaflor, se mantiene con la ayuda de particulares, por lo tanto, es muy difícil mantener a estos ejemplares, ya que dependen de cuidados especiales que son de alto costo. Por esta razón esta Institución ofrece la opción de apadrinamiento que consiste en escoger un animal, y a través de una cuota mensual mantenerlos en óptimas condiciones.
Está de más agradecer esta iniciativa, ojalá hubiesen más fundaciones u organizaciones dedicadas al cuidado de especies que no están protegidas por ley y que no podemos acoger como mascotas en nuestras casas.
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